"En aquellos primeros años las carreteras estaban pobladas por refugiados envueltos hasta arriba en sus harapos. Con mascarillas y gafas protectoras, sentados en la cuneta como aviadores fracasados. Sus carretillas repletas de desechos. Tirando de carromatos o carritos de supermercado. Los ojos brillantes en sus cráneos. Hollejos de hombres sin credo tambaleándose por los pasos elevados como emigrantes en una tierra salvaje. La fragilidad de todo por fin revelada. Viejos y preocupantes problemas desintegrados en la nada y la noche. El último ejemplo de una cosa pone punto final a la clase. Apaga la luz y se va. Mira a tu alrededor. Siempre es mucho tiempo. Pero el chico sabía lo que él sabía. Que siempre es un abrir y cerrar de ojos."
pag 27, editorial Literatura Mondadori.
Vuelvo a repetir que la melancolía se respira a cada página que pasas, lo normal es que en historias post-apocalípticas siempre exista un desasosiego acompañado de desesperación (al menos eso me transmiten por ejemplo los cómics de Walking Dead o Farenheit 451, por poner un ejemplo) pero no había leído antes un desasosiego acompañada de una melancolía tan fuerte. Este McCarthy sabe hacerlo bien. Te preguntas si finalmente los protagonistas encontrarán lo que buscan. Esta historia te remueve todas las entrañas de una manera que pocas veces ocurre, al fin y al cabo en lo más profundo de ti sientes miedo de que algún día puedas llegar a ser uno de esos aviadores fracasados, pues nadie sabe que será de nosotros en veinte o treinta años.
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